Durante las dos semanas (simbólicas) que dura la magnífica floración del magnolio que ilumina la ventana de su habitación, el hombre que me parece (74 años) se cuestiona sobre su vida, antes y después de la muerte, enfrentando sus dudas y certezas. Entre una cita médica y la elección de una urna en un catálogo, entre un primer amor y un paseo por el bosque con su nieto de siete años, el hombre que me parece monologa, poetiza y canta su búsqueda del más-allá-de-sí-mismo.
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El futuro nos espera con grandes espectáculos, ¡prepárate para disfrutarlos!